Entre insultos, golpes de fusil y patadas Luis Fernando Lalinde fue conducido a una pesebrera donde le ataron las manos, lo amarraron de la nuca con un lazo a una viga y lo subían y bajaban en medio de golpes. Allí se escuchó un tiro de fusil disparado al parecer accidentalmente. Luego los soldados lo amarraron a un árbol al frente de la concentración escolar de la vereda y lo siguieron torturando a la vista pública y en presencia de los niños de la escuela.


Los campesinos de la vereda que presenciaron los hechos identificaron a la víctima como Luis Fernando Lalinde con las fotografías mostradas por sus familiares, afirmando que por información de los mismos soldados que participaron de estos hechos y de un capitán la víctima era un sociólogo y su nombre era Luis Fernando.

En las horas de la noche fue sacado en un camión militar y trasladado a la vereda Ventanas del municipio de Riosucio en el departamento de Caldas, donde permaneció hasta las horas de la noche, cuando en el momento en que supuestamente, según los militares, iba a ser entregado al teniente del S-2 del batallón Ayacucho, Luis Alberto Tobo Peña, por orden del capitán Piñeros Segura, fue asesinado con disparos de arma corta, por que según ellos intentó huir. Posteriormente fue enterrado en lo alto de una montaña en las raíces de un árbol.

El levantamiento del cadáver fue efectuado por el Alcalde del municipio de Riosucio, por orden de los mandos militares, con una muy breve descripción de las heridas, haciéndose constar que el tipo de arma utilizada había sido un revólver y sin practicársele la respectiva necropsia. Acto seguido fue nuevamente sepultado en el mismo sitio. En ese momento la víctima no fue identificado como Luis Fernando Lalinde, sino como alias Jacinto, siendo presentado por el Ejército como guerrillero muerto por fuga.

El 2 de octubre de 1984, Luis Fernando emprendió su camino hacia el municipio de Jardín a realizar una tarea encomendada por su partido político y al día siguiente cuando se disponía a regresar a la ciudad de Medellín, ante el fallido cumplimiento de su misión fue capturado por miembros de Ejército.

El 26 de octubre de 1984 el comandante del ejército General Forero Moreno, informaba al entonces Ministro de Defensa General Miguel Francisco Vega Uribe sobre los operativos adelantados en los municipios de Riosucio y Jardín Antioquia entre septiembre y octubre de 1984, donde resaltaba la detención de alias Jacinto, quien intentó huir y fue recapturado y en un nuevo intento, después de atacar un centinela fue dado de baja.

Los familiares de Luis Fernando, se presentaron ante el Comandante de la VIII Brigada, en la ciudad de Armenia, Coronel Héctor Julio Ayala Ceron quien les comunicó que tenía 13 cadáveres sin identificación entre los cuales se hallaba alías Jacinto, cuya exhumación se había ordenado.

Por su lado, la familia Lalinde siguió buscando incansablemente a Luis Fernando, tocando puertas oficiales para conseguir que los militares identificaran el cadáver de alías Jacinto y si se trataba de la misma persona fuera entregado su cuerpo, pero todo fue en vano. Acudieron ante el Viceministro de Gobierno Victor G. Ricardo, quien los remitió ante el Viceprocurador Jaime Osa, éste a su vez los comunicó con el Procurador General Carlos Jiménez Gómez y hasta el mismo Presidente de la República Belisario Betancur Cuartas, quien les envió un mensaje navideño que decía textualmente “la paz es para los fuertes de espíritu, y estos deben preservarla para que los demás puedan disfrutarla. Que esa paz nos llegue como bienaventuranza a todos los Colombianos”. Como respuesta, le enviaron un telegrama en el que manifestaban su inconformidad porque en esa nota no se aludía en absoluto a la situación de su familiar desaparecido.

El Procurador Delegado para las Fuerzas Militares General Nelsón Mejía Henao en principio negó que el ejército tuviera a Luis Fernando Lalinde, pero luego por insistencia de los familiares, les informó que el 3 de octubre habían sido detenidos Orlando Vera Muñoz alias Aldemar y alias Jacinto, que éste último había sido dado de baja cuando intentó huir y el primero se encontraba recluido en la cárcel de Manizalez. Posteriormente se pudo constatar que el citado detenido nunca fue puesto a disposición de ninguna autoridad y menos aún que hubiera estado privado de su libertad en la cárcel de Manizalez.

A raíz de la condena que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA hizo al Estado colombiano por el caso de Luis Fernando Lalinde en 1987 y ratificada en septiembre de 1988, la Policía Militar del Batallón Bomboná del ejército practicó un allanamiento a la vivienda de la familia Lalinde Lalinde y privó de la libertad a la madre. Ella cuenta que “Todo esto nos trajo como consecuencia el montaje con droga que nos hicieron el 23 de octubre de 1988. A mí me acusaron de narcoguerrillera y terrorista, me sacaron en los medios de comunicación. Eso fue para tumbar la resolución de la OEA por que los organismos internacionales de derechos humanos no defendían casos de narcotráfico, con eso me daban 20 años de cárcel. Me quitaban de circulación y se quitaban de encima esa resolución. Pero eso no surtió efecto porque el caso era muy conocido...”, fue conducida a la cárcel del Buen Pastor de Medellín, en donde estuvo recluida por 12 días.

La persecución continuó contra los familiares de Luis Fernando, por medio de terrorismo telefónico y persecuciones.

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